La mañana del 21 de julio amaneció despejada por segundo día consecutivo. Abandonamos nuestro hotel sobre las siete y cuarto, y nos dirigimos a la Gare du Nord desde donde teniamos que coger nuestro tren hacia Bruselas, este salía a las ocho en punto. Fue un poco lioso encontrar el tren, pero después de inspeccionar un poco los tablones lo encontramos. He de rectificar un poco, Jorge y yo saliamos a las ocho, Rosi y Dani que no encontraron billete para el mismo tren, salían 20 minutos depués.

Típica casa de Brujas.
Nos despedimos y quedamos en la estación de Brujas dos horas y media más tarde que finalmente se convirtieron en más de tres, ya que a mitad de camino, nuestro tren se averió, ¿os lo podeis creer? ¿Qué posibilidades hay de que se rompa el tren en el que vas? Fue un auténtico fastidio, estuvimos unos 40 minutos allí en medio de la nada. Por la ventanilla se veían granjas, campos verdes y felices vaquitas que pastando. Por fin el tren se puso en marcha con el consabido retraso.

Walplein
Cuando llegamos a Bruselas pensabamos que habiamos perdido el tren de enlace con Brujas pero después de preguntar en información nos dijeron que no había problema, que podiamos subir al siguiente. vimos en un tablón que salía en 5 minutos y corrimos por la estación con las maletas a cuestas para cogerlo y legamos justo a tiempo.

Interior de nuestra casa en Brujas.( B&B Den Witten Leuw)
Cuando subimos al tren nos dimos cuenta por que no habia ningun problema en cogerlo, y es que iba lleno, los asientos no estaban numerados y no habia ni un solo sitio donde sentarse por lo que tuvimos que hacer el trayecto Bruselas-Brujas, sentados en los escalones de entrada. A Bélgica no le pega algo así en sus medios de transportes.

Salon de la casa.
Llegamos a Brujas casi a las doce del medio día, y tuvimos que esperar hasta las doce y media que llegaba el tren de Rosi y Dani. Una vez los cuatro juntos, nos dirigímos al Bed and Breakfast que habíamos reservado. Este se encontraba situado en una encantadora placita llamada Walplein el centro de la ciudad.
La dueña de la casa Anna era una mujer muy atenta que nos ayudó en todo lo que pudo, proporcionandonos una guía de la ciudad, planos, descuentos, etc… y la casa era una preciosidad, decorada con mucho gusto, llena de detalles en la decoración, las habitaciones muy grandes, coquetas y los baños totalmente nuevos y lo principal todo estaba muy,muy limpio. En resumen que los cuatro estabamos encantados con nuestra casita de Brujas.

Casas de Walplein.
Nos instalamos en nuestras habitaciones y salimos a descubrir esta preciosa ciudad.
En principio habiamos quedado con la familia de Jorge, que estaba en Brujas desde el dia anterior, pero ellos habían ido a pasar la mañana a un pueblecito cercano llamado Damme, así que los veríamos cuando regresaran después de almorzar.

Una de las cientos de chocolaterias de Brujas.
Como era el día de la fiesta nacional de Bélgica, creimos que todo estaría cerrado, pero todo lo contrario, tanto tiendas como restaurantes estaban abiertos. Para empezar hicimos una primera toma de contacto con los alrededores del Bed & Breakfast y sobre la una y media volvímos a Walplein para almorzar, elegimos uno de los restaurantes y nos sentamos en la terraza ya que el día soleado invitaba a ello.

Una calle de Brujas.
Evidentemente nuestro objetivo era saborear el famoso plato belga Moulés et frites (mejillones con patatas fritas) y eso es lo que pedimos, Jorge y yo elegímos los mejillones al vino blanco y Rosi y Dani al natural. Los nuestros estaban riquisimos y no dejamos ni uno en la olla. Después de almorzar fuímos a comernos el postre a otro lugar y aquí también elegímos uno típico, el gofre o waffles (como le llaman allí) y que nada tienen que ver con los de aquí, simplemente deliciosos.

Sint-Salvatorskatedraal ( catedral de san Salvador).
Después seguímos paseando camino de la céntrica Marktplatz. Las calles estaban llenas de gente y banderas belgas colgaban de las ventanas de las casas lo que le proporcionaba a la ciudad una imagen festiva. En primer lugar entramos en Sint-Salvatorskathedraal, (catedral de San Salvador) de estilo gótico, muy bonita aunque creo que deberian restaurar un poco su interior ya que en algunas zonas se veian manchas de humedad.

Steenstraat,una de las calles principales de Brujas.
Después seguimos nuestro camino por las calles, descubriendo rincones preciosos, casas de cuento, canales llenos de vida con sus magestuosos cisnes blancos, placitas deliciosas llenas de flores, música y color. Cada calle era más bonita que la anterior,los coches casi no existian, en su lugar el sonido de los cascos de los caballos resonaban en el ambiente medieval.
Sobre las cinco nos llamó la madre de Jorge para decirnos que ya habian vuelto a Brujas y que nos esperaban en la Marktplatz (plaza del Markt) y hasta allí nos dirigímos por Steenstraat, una larga calle comercial muy animada donde puedes encontrar todo tipo de tiendas conocidas como Tommy Hilfiger, Zara, C & A ,Springfield etc…

Fachada del Palacio Provincial situado en la Marktplatz.
Cuando llegamos a la Markt Platz nos quedamos maravillados ante tanta belleza, sin duda parecia un lugar sacado de una película de Disney, con su precioso palacio provincial y su impresionante torre Belfort también conocida como torre de la Atalaya, todo un símbolo de la ciudad y que mide 82 metros.
En la plaza había varias carpas con barras y un gran escenario delante de la torre Belfort. Al ser fiesta había actuaciones por la noche. Sentados delante de la fuente nos encontramos con Manoli, la madre de Jorge, su prima Mari, su tía Mercedes y el pequeño Pablo que estaba loco por ver a su primo.

Ayuntamiento de Brujas en la plaza del Burg.
Una vez todos juntos, nos dirigimos a la cercana plaza del Burg, pequeñita pero preciosa como todo. Allí se encuentra el ayuntamiento de Brujas y la famosa iglesia de la Santa Sangre donde se guarda la Sangre de Cristo,que según la leyenda fué traida por Thierry de Alsacia, conde de Flandes, a su regreso de Tierra Santa durante la Segunda Cruzada. En recuerdo de ello, anualmente se celebra en la ciudad el primer lunes después del 2 de mayo la Procesión de la Santa sangre.

La plaza del Burg con la torre Belfort detrás.
Después de entrar en la iglesia, seguímos descubriendo esta bella ciudad que nos tiene enamorados a todos, llegamos hasta el lugar más fotografiado de Brujas, un rincón precioso, donde el canal hace un codo, es difícil describir tanta belleza, así que mejor admiradlo vosotros mismos.

Rincón más fotografiado de Brujas.
Nuestra siguiente parada fué el tranquilo Begijhof (o Beaterio) un lugar cerrado al resto de la ciudad donde vivían mujeres en su mayoría viudas y solteras que si bien no habían tomado los votos realizaban su vida como si fueran monjas, esto no le impedía poder dejar el beaterio si decidian casarse. Es un remanso de paz dentro de la ciudad y cuenta con una pequeña iglesia en el centro.

El Begijhoff.
Tras dejar el tranquilo Begijhof encontramos Minnerwater (conocido como el lago del amor) un precioso paraje verde y tranquilo lleno de cisnes. Pablo y yo dimos de comer a los cisnes que engullían bizcochos como locos, una de las mamás cisnes intentó picar al pobre Pablo que intentó tocar una cría, pero él aún se rie al recordarlo. Después paseamos por el parque y descansamos un buen rato en unos bancos de madera junto al lago.

La mama cisne que intentó picar a Pablo y los patitos de la discordia.
Sobre las ocho de la tarde volvemos al centro de la ciudad, en concreto nos vamos a la plaza del Markt, donde a partir de las ocho había actuaciones y música en directo. Al llegar allí descubrimos que estaba llena y el ambiente invita a unirse a la fiesta, así que eso hicimos. Nos pedimos unas cervezas y refresco para el peque y nos fuimos ambientando. Desde el principio la acogida de los belgas con nosotros fue cálida y cercana, nos hicieron sentir parte de la fiesta y eso en un país extranjero es de agradecer. A partir de las nueve, repartieron unos periódicos llenos de canciones, ya que se íba a celebrar una especie de Karaoke gigante patrocinado por Sing Star. Pasamos una noche inolvidable, cantamos en inglés, en francés y hasta en flamenco ayudados por los belgas que teniamos alrededor y que estaban pendientes de nosotros,bebimos cervezas, bailamos, reimos, conocímos gente encantadora, en fin, uno de esos días que quedan grabados en la memoria para siempre. Nunca olvidaremos el 21 de julio, día de la fiesta nacional Belga.





















