La mañana siguiente en Amsterdam amaneció despejada aunque fresca para estar en julio. Como cada mañana bajamos a comprar el desayuno al super y nos vamos a la plaza Damm donde habían instalado un campo de fútbol playa. Allí dos equipos de niños de unos 8-10 años estaban jugando un campeonato de verano y sentados en una mesa vimos el partidillo mientras comiamos.

Partido de futbol playa en la plaza Damm.
Después del desayuno nos dirigímos al ya conocido barrio del Jordaan, concretamente a Prinsengracht para entrar en la casa de Ana Frank. Cuando llegamos allí, a pesar de no ser ni las diez de la mañana nos encontramos una cola bastante larga. Diez minutos después llegan el resto de la expedición y se unen a nosotros en la cola. Esperamos algo más de media hora y después entramos.

Westerkerk (muy cerca de la casa de Ana Frank)
Nada más cruzar el umbral de la puerta, un escalofrío me recorre. El diario de Ana Frank fué el primer libro que me leí, el primero que me marcó y la historia de esta niña judía siempre la he llevado en el corazón por lo cual estar allí en la casa anexa que la escondió durante dos años fué para mí una experiencia inolvidable, a pesar de que no había muebles, en las paredes de su habitación aún se conservaban los recortes de estrellas del cine que ella pegó.

Prinsengracht Centrum.
Antes de salir, en la tienda de la casa compré un nuevo ejemplar de su diario, ya que el mío estaba bastante viejo y además este era especial por haberlo comprado allí, también compré otro libro que trataba de la ocupación nazi en Amsterdam y de como afectó eso a la vida de los judíos que allí vivían.
Horario y precios Anne Frankhuis:
Abierto todos los días de 9 a 19 horas.
Precio adultos: 8,50Euros.
Precio niños de 10 a 17 años: 4 euros.
Precio niños de 0 a 10 años: Gratis.

Prinsengracht.
Tras la emotiva visita, seguímos nuestro camino por el bonito Jordaan, nuestra siguiente parada era una casa barco que se podía visitar y que era gratis con la Iamsterdam Card. en su interior nos juntamos más de 15 personas y casualmente todos españoles, parecía que nos hubieramos puesto de acuerdo. El interior se ve en nada de tiempo, la cocinita, el salón, un baño y dos habitaciones, nada del otro mundo pero curioso. Yo no podría vivir en un lugar así, los techos son demasiado bajos y el barco no para de balancearse, que mareo.

Bicicletas sobre Prisengratcht.
Nuestro siguiente destino era la casa de Rembrandt, lejos del Jordaan. Así que cogímos el tranvía y allí nos dirigímos, al barrio judío de Amsterdam.
La casa en bastante grande, creo recordar que contaba con 4 plantas y estaba con los muebles originales de la época, además de contar con una buena colección de pinturas del artista , incluidos sus famosos aguafuertes y de sus alumnos. Con las audio guias que además eran gratuitas escuchabas toda la historia de Rembrandt. La entrada no es gratuita totalmente con la Iamsterdam Card pero solo cuesta 2 euros por persona con ella.

Zwanenburgwal.
Salímos de la casa a la hora de almorzar y en nuestro camino nos encontramos con un mercadillo por el que dimos una vuelta. Después nos compramos unas patatas fritas, unos perritos y refrescos y almorzamos sentados en unos bancos junto al canal.
Tras recuperar fuerzas con el almuerzo, nos dirigímos al Hermitage, un museo que nos encantó, ya que se hace muy ameno, es luminoso y se puede disfrutar de su exposicion sobre los zares, con ropas, complementos, joyas y cuadros. También es gratis con la Iamsterdam card.

Jardin botanico.
Al salir del museo fuímos auna cafetería y nos sentamos en la terraza a tomar unos cafés y batidos. Descansamos allí sobre una hora y despúes a alguien se le ocurrio la idea de ir al jardín botánico. Yo fuí sin muchas ganas la verdad porque nunca me han entusiasmado mucho. Dimos una vuelta por allí , entramos en algunos invernaderos, vimos mariposas y me aburrí como una ostra estaba deseando salir de allí.

Girasoles junto al canal.
Después del museo botánico cogímos otra vez el tranvía y nos plantamos en Vondelpark, porque nos habián dicho que allí los fines de semana en verano había conciertos y festivales. Dimos un buen paseo por allí, el parque es muy bonito, me recordaba a los de Londres, pero por más que buscamos no encontramos ningun concierto, ni actividad en el parque, solo conejitos y patos a parte de nosotros.

Canales de Amsterdam.
Al final abandonamos el parque y volvímos dando un largo paseo hasta el centro, donde llegamos a la hora de cenar. En nuestra última noche en Amsterdam, a los compañeros de viaje no se les ocurrió otra cosa que querer comer en un restaurante español, cuando al día siguiente estaríamos en España y podrían comer toda la comida española que quisieran, pero después de once días la echaban tanto de menos que no hubo forma de convencerles, así que nos tuvimos que aguantar y comer allí. Por cierto la comida bastante normalita por no decir que no me gustó mucho.

Maneken pis. Que ricas estaban sus patatas fritas.
Después de la cena, la familia de Jorge volvió a la zona de Museumplein donde estaba su hotel y nosotros al centro. Al llegar al nuestro propusimos a nuestros amigos Dani y Rosi ir a dar una vuelta por el barrio rojo. A mi especialmente me parecía un sacrilegio encerrarnos en el hotel un sábdo por la noche teniendo en cuenta la ciudad en la que estabamos, pero no se animaron, así que solo fuímos Jorge y yo. Hay que ser muy apalancao para no descubrir la noche de Amsterdam, yo al menos lo estaba deseando.

Barrio rojo al anochecer
Las calles estaban llenas de gente, pero al cruzar el canal y adentrarnos en el barrio pasó de haber gente a haber muuuucha gente, de hecho los puentes de los canales casi ni se veian de lo abarrotados que estaban. La policía iba a caballo y todo estaba lleno de risas artificiales, escaparates rojos y llamadas a placeres de todo tipo. Jorge y yo terminamos en un coffe shop llamado Hunters pero como ninguno de los dos nos atrevíamos con los porros de María nos comimos un pastel espacial que realmente no nos hizo ningún efecto pero bueno, la experiencia de estar en un coffe shop en el barrio rojo de Amsterdam un sábado por la noche, no lo cambio por nada. Nos lo pasamos genial y volvímos al hotel a las dos de la mañana.



















