Amsterdam, la ciudad de la libertad.
A la mañana siguiente, después de nuestro exquisito desayuno, dejamos nuestra encantadora casita de Brujas. Atrás quedarían las calles empedradas, los cisnes, los coches de caballos, las chocolaterías etc… y en unas horas estaríamos en la ciudad de la libertad, más canales, bicicletas, coffe shops, barrio rojo,tulipanes… iba a ser difícil superar a las otras dos ciudades en las que habíamos estado, pero aún así teníamos muchas ganas de llegar.

Canal de Amsterdam.
Cogímos el tren hacia Amsterdam a las diez de la mañana,bajo una incesante lluvia. Esta vez logramos encontrar asientos aunque no estuvieramos todos juntos. La siguiente parada era Amberes, donde teníamos que cambiar al tren que finalmente nos llevaría a Amsterdam. Después de dos trenes y tres horas y media llegamos a la alegre capital holandesa.
Nada más salir de la estación central, un precioso edificio enclavado sobre una isla en plena bahía de la ciudad, nos vímos rodeados de cientos de bicicletas, tranvías y gente de todo tipo. Creo que estuvímos a punto de ser a tropellados por bicicletas una docena de veces.Al contrario que en Brujas, aquí hacía un día espédido soleado.

Centro de Amsterdam.
Justo delante de la estación cogímos el tranvía que nos llevaría a la zona de Museumplein donde estaban nuestros hoteles. La familia de Jorge se quedó justo una parada antes que la nuestra y a continuación bajamos. Nuestro hotel, el Park Plaza Vondel Park estaba justo al lado de dicho parque. La recepción estaba totalmente renovada con muebles modernos, muy chulo. Cuando llegó nuestro turno para registrarnos, nos dijeron que el hotel tenía Overbooking y que nos mandarían a un hotel superior de la misma cadena y que se encontraba en el centro de la ciudad,delante de la estación central, justo de donde acabábamos de llegar. Así que nos llamaron a un taxi que pagó el propio hotel y nos llevaron de vuelta al centro.

Plaza Damm.
La parte negativa fué que estariamos muy lejos del hotel de la familia, la buena es que nosotros cuatro estaríamos en un hotel de cuatro estrellas, al lado de la plaza Damm y a solo un canal del animado barrio rojo. Genial. Llegamos al hotel, nos registramos y subímos a dejar el equipaje a nuestras habitaciones. El hotel lo estaban renovando y la recepción, el hall y el resturante se veían nuevos, pero nuestras habitaciones aunque bastante amplias eran antiguas, por supuesto todo estaba limpio pero la renovación aún no había llegado a ese ala del hotel. Aún así todo estaba perfecto.

Nuestro hotel. Park Plaza Victoria.
Cuando terminamos de instalarnos, salímos al hotel y llamamos a los demás, ellos ya habían almorzado el Museumplein y venían hacia la plaza Damm para encontrarnos allí. Como nosotros no habíamos comido nada, compramos las típicas patatas fritas con salsa y unos unas Coca colas y nos fuímos a comérnoslas en un banco de la plaza. Encontramos un banco y allí nos sentamos frente al Madamme Tussauds. Al poco rato llegaron los demás y cuando terminamos, nos pusimos en marcha para ver la ciudad.

Barrio rojo. Al fondo Sint Nicolaaskerk.
Paseamos bajo un agradable sol hasta llegar al canal Singel, uno de los más antiguos de la ciudad y lugar donde se encuentra el famoso Mercado flotante de las flores,( Bloemenmarkt). Este mercado tiene origen en el siglo XVIII y en el podemos encontrar desde flores frescas de todo tipo, hasta bulbos de tulipanes o souvenirs. Resultó muy agradable pasear por los puestos, debido a la diversidad de colores y fragancias que allí tienen lugar.

Oude Kerk
Después de visitar el mercado, nos dirijímos al conocido Barrio Rojo. Al ser de día apenas había ningún escaparate abierto, solo dos o tres, así que la primera visita a dicho lugar no nos llamó mucho la atención. Al niño no lo llevamos por aquellas calles, evidentemente.
Seguímos paseando por las calles del centro y allí en pleno barrio rojo ,visitamos Oudekerk (o iglesia antigua) se trata de una templo de estilo gótico- renacentista que además es el más antiguo de Amsterdam. Los arqueólogos creen que data del siglo XIII , merece la pena hacerle una visita.

Barrio Rojo.
Como el día soleado invitaba al paseo, continuamos conociendo los rincones de esta bonita ciudad hasta la hora de la cena que nos dirigímos a un restaurante italiano, justo al lado de la Plaza Damm. La comida muy rica y los platos muy abundantes, lo malo es que no recuerdo el nombre, pero estaba en un lateral de la plaza, y desde un ventanal se veía esta.
Tras la exquisita cena, ya bastante cansados volvímos a nuestros hoteles, no sin antes quedar para el día siguiente.

Canal Singel de noche.
Lo primero que íbamos a hacer era ir a la oficina de turismo (situada justo en frente de la estación central) para comprar la Iamsterdam Card de 48horas y así ver todos los museos en los siguientes días, (que palizón nos esperaba).
En cuanto llegamos al hotel, duchita para relajarnos y a dormir para recargar pilas.










