Mañana en Gante, tarde en Brujas.

A la mañana siguiente quedamos con la familia a las nueve en Walplein para ir juntos a la estación de tren. Habíamos planeado pasar la mañana en la cercana ciudad de Gante, a unos 30 kilómetros. Así que después de un gran desayuno a base de croassants caseros, zumo de naranja recien exprimido, mermerladas, mantequilla de cacahuete, nocilla artesana, fiambres, etc… nos fuímos a conocer una nueva ciudad.

Canal de Gante.

Canal de Gante.

Cogímos el tren a las nueve y media y llegamos a la estación de San Pieters en Gante sobre  las diez y cuarto. La estación central está lejos del centro, al contrario que en Brujas, y tuvímos que andar más de un kilómetro y medio para llegar allí, por  calles que no tenían nada de encanto, por lo cual se nos hizo aún más largo.

Canal principal de Gante.

Canal principal de Gante.

Cuando por fin llegamos al centro, el paisaje urbano cambió bastante, ya que todo se llenó de color, fachadas de diferentes tonalidades, flores, canales,banderas y todo esto bajo un cielo gris y encapotado que ayudaba poco. La ciudad en si era bonita, más bulliciosa que Brujas y con menos turistas también, lo malo fué que había obras por el centro y además las carpas de la fiesta del día anterior restaban encanto a las plazas, aún así el centro era bonito.

Sint Niklaas Kerk.

Sint Niklaas Kerk.

En primer lugar entramos en la iglesia de Sint Niklaas ( San Nicolás) una de las iglesias más antiguas de la ciudad, eregida sobre un templo más antiguo que se incendió en 1176, los habitantes  de Gante, costearon la construcción de una nueva y más grande, la actual se terminó de construir en 1250. Su estilo es conocido como gótico del Escalda y debe este nombre a la piedra utilizada de tonos azul grisáceo procedente de unas canteras junto al río Escalda.

Después nos dirigímos a la cercana  Sint Baaf ( catedral de San Bavón) patrón de la ciudad, una bonita catedral gótica que data del año 1228 y que fué construida sobre los restos de una iglesia románica. Una de sus joyas es la tabla de ” La adoración del cordero místico”, una obra de Jan Van Eyck  de 1432.

Sint Niklass desde el campanario de la torre Belfort.

Sint Niklass desde el campanario de la torre Belfort.

La torre Belfort de 95 metros de altura también forma parte del atractivo de esta catedral, además ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. De los ocho que éramos, solo Jorge y Pablo se atrevieron a subir hasta el campanario por las estrechas y empinadas escaleras aunque para bajar usaron….un fantastico ascensor, aunque resulte dificil de creer que solo lo usaran para bajar ;) . La torre tenia unos cuatro descansos con distintas exposiciones de fotos, campanas y pudiendo ver el mecanismo que hacia sonar la campana principal.

Cuando estos bajaron era ya medio día, antes de almorzar nos acercamos al Begijnhof, un lugar que les encantó a la madre de Jorge y a su tía pero algo aburrido para los demás, demasiado tranquilo y demasiado vacío, solo un grupo de casitas alrededor de un gran terreno verde y con una iglesia en medio.

Casas de Gante.

Casas de Gante.

Sobre las dos y media salímos de allí y en seguida nos encontramos en medio de la bulliciosa ciudad. Buscando un lugar donde comer los ocho, algo un pelín difícil  de encontrar terminamos en el Mc Donalds,jejeje. Volvímos a caer en sus redes una vez más.

Almorzamos y sobre las cuatro, cogímos el tranvía para volver a la estación de St. Pieters. Ni de coña volvíamos a andar los casi 2 kilómetros que habia hasta allí. Justo cuando llegamos a la estación salía un tren para Brujas, pero por mucho que corrimos no logramos cogerlo, así que tuvímos que esperar hasta las cinco.

Uno de los embarcaderos de Brujas.

Uno de los embarcaderos de Brujas.

Finalmente sobre las seis menos veinte y con un cielo gris y amenazante llegamos a Brujas.

Nada más llegar nos dirigímos al embarcadero para hacer el paseo por los canales, el día anterior habíamos llegado a las seis y cinco y  no pudímos hacerlo porque ya estaba cerrado, así que era nuestra última oportunidad. Llegamos al embarcadero justo a tiempo para coger el último barquito y disfrutamos de un paseo encantador por los mágicos canales de Brujas.

Puentes de Brujas.

Puentes de Brujas.

Cuando finalizó el paseo, nos fuímos de compras. Debímos recorrer 6 o 7 chocolaterías y compramos  bombones de todas clases, ¡que ricos estaban por Dios! Rosi y y yo nos compramos además un osito  teddy de esos antiguos preciosos al que bautizamos con nombres belgas, Niklaas el mío y Matieu es suyo,jeje. Yo es que colecciono ositos teddy, ya tengo de Londres, Nueva York, Glasgow y Brujas :-) , una frikada mía.

Plaza del Markt bajo la lluvia.

Plaza del Markt bajo el cielo gris.

Cuando terminamos las compras fuímos a dejarlas a nuestra  casa que era la más cercana y nos fuímos a la Marktplatz para picar algo. La tarde estaba cada vez más fría y empezó por fin a lloviznar. Nos compramos patatas fritas con diferentes salsas, unos refrescos y nos sentamos en unos  escalones bajo  junto al palacio provincial donde nos lo comimos.

Plaza del Markt, última tarde.

Plaza del Markt, última tarde.

Cuando terminamos de comer, paró de llover un poco y fuimos a dar una vuelta para despedirnos de la ciudad, paseamos por la callejuejas que ya conociamos hasta que volvió a llover y esta vez con más intensidad, así que volvimos a nuestra casa para que la familia de Jorge recogiera los regalos y ya nos quedamos allí, eran las diez y la noche ya no invitaba al paseo, así que nos fuímos pronto a dormir porque a la mañana siguiente saldriamos hacia la última etapa de nuestro itinerario la divertida y moderna Amsterdam.

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